sábado, diciembre 15, 2018
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El Internet de las Cosas y el desarrollo de internet

¿Qué tan lejos estamos de interactuar con nuestros dispositivos como lo hace Tony Stark en Los Vengadores? ¿Cuánto nos falta para enamorarnos de nuestro sistema operativo como pasa en la película Her? Quizás estemos más cerca de lo segundo que de lo primero si ponen la voz de Scarlett Johansson respondiendo consultas en el Google Assistent, pero aún así estamos cada vez más cerca de cualquiera de los pronósticos y escenarios que veíamos antes en películas.

En nuestra historia interactuando con Internet, al menos los que tenemos más de 25 años, pasamos por todas las etapas que la conformaron desde su inicio en los 90 con la triple W. Las primeras páginas web fueron nuestro entretenimiento mediado por esa conexión imposible de olvidar con las luchas por el uso del teléfono y los ruidos del modem. A esta la siguió, diez años después, el nacimiento de las redes sociales con MySpace y YouTube como las pioneras en este rubro al que luego llegaría Facebook y las que conocemos actualmente, caracterizando a esta etapa el ida y vuelta en la producción y consumo de contenidos. Su siguiente fase llegó fundamentalmente con Netflix y el uso de algoritmos para personalizar la experiencia del usuario y finalmente estamos en la época de la 4.0, caracterizada por el Internet de las cosas y la comunicación entre máquinas por wifi.

A nivel social nos encontramos con un pasaje de la época de la conexión a la conectividad, donde los códigos definen la sociabilidad de las personas y la participación de estas en la red, donde estas conexiones son manipuladas por algoritmos que definen las reglas de juego y los escenarios donde se generan las interacciones entre los usuarios.

A su vez, estos usuarios en el uso cotidiano de sus redes y los buscadores van dejando huellas digitales que luego estas empresas lo traducen en publicidad que les llegará a través de sus plataformas.Todas estas “huellas digitales” son almacenadas en bases de datos para luego ser procesadas, analizadas y devueltas seguramente en forma de anuncios personalizados, recomendaciones y ofertas en el intento de reconducir al usuario al camino del consumo. Con esta información, el usuario aporta su parte y se convierte en coautor de la elaboración de su perfil frente a los futuros vendedores que buscarán que compre su producto.

En todo este escenario y en esta coyuntura se desarrolla la tecnología propia del Internet de las cosas, en la etapa avanzada de la web 3.0 y la incipiente 4.0, con consumidores tecnológicos que tienen una relación vinculada a la conexión con otras personas mediadas por los algoritmos que regulan y administran esos vínculos y con dispositivos que se comunican con otros en una experiencia que cada vez se personaliza más al usuario. Estos a su vez valoran la posibilidad de realizar tareas desde dispositivos y plataformas que integran y automatizan acciones, lo que permite aprovechar aún más el tiempo en el que realizan su trabajo, en el marco de la sociedad del rendimiento, aquella que hace foco en la producción y en la optimización del tiempo dedicado a sus tareas.

¿Qué inventos y objetos se pueden encontrar que cumplan con estas características?

Hablamos de objetos que se conectan a internet, como espejos inteligentes manejados por aplicaciones, web cams que pueden transmitir imágenes a tu celular y que permite que puedas controlar tu casa en vacaciones o a tu mascota cuando se queda sola, también de heladeras que avisan cuándo se te está pudriendo la comida que te sobró o cuando te estás quedando sin determinados productos, con la posibilidad incluso de encargarlo a alguna tienda virtual para reponerlo. A esta lista se le pueden sumar valijas que se mueven solas, relojes inteligentes, robots colaborativos, tractores Inteligentes, y cerramos el listado con una aplicación con el mejor nombre de todas, Kevin. Esta App que tiene el nombre en honor a Kevin McCallister, el personaje interpretado por Macaulay Culkin en Mi pobre angelito, imita el ruido y las luces de un hogar habitado, ideal para cuando te vas de vacaciones y no queres que se note que no hay nadie. Simula que la casa está habitada con escenarios preestablecidos y que se puede activar dependiendo la hora.

En síntesis, estamos en la época del Internet de las cosas, de casas y ciudades inteligentes, donde el Internet cada vez tendrá un rol que articulará los movimientos en un hogar, en una ciudad, en un país y que alcanzará los escenarios que veíamos e imaginábamos sólo en la ficción pero que día a día se va haciendo realidad.

Escuchá la columna completa en nuestro canal de IVOOX o recorte de Radiocut y dejá tu comentario sobre qué producto te parece útil en tu vida cotidiana.

Luis Pelaez
Periodista, estudiante de sociología, CM y diseñador web. Fanático de Green Lantern, prefiero Dc sobre Marvel. Hincha de Vélez, casi juego con Del Potro @fortinducto
https://elpastoesparalasvacas.wordpress.com/