Lunes, septiembre 24, 2018
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Rafael Spregelburd: “Todos tenemos una versión distinta de nuestro propio pasado”

En una nueva entrevista, hablamos con Rafael Spregelburd, quien participa junto a María Figueras, Mónica Galán y Pablo Seijo en el elenco de la última película de Inés de Oliveira Cézar, “La Otra Piel”. Además de actor es dramaturgo y cuenta con una gran cantidad de obras escritas traducidas en varios idiomas.

Sobre su comienzo nos cuenta: Todos tenemos una versión distinta de nuestro propio pasado. No tenía una vocación decidida para el teatro, ni para la actuación. Un poco pasó que durante mi colegio secundario, cuando uno está intentando forjar lo que a uno le gusta. En vez de anotarme a una universidad decidí tomarme un año sin estudio. Me puse a trabajar y para no sentir que no estaba haciendo nada me metí a hacer un curso de actuación. Primero quise hacer el ingreso al conservatorio, no entré. En ese tipo de cuestiones vinculadas a lo artístico uno es muy chico para que te tomen”. Además agrega algo que tomará como lema en su vida: “Yo no quería hacer teatro como profesión sino como algo que me de placer. El fracaso inicial creo que me condujo a quedarme a vivir en el teatro”

Su camino en la dramaturgia se empezó a forjar en sus primeros curso de teatro donde se daba cuenta que no improvisaba de la forma adecuada, al respecto comenta: “la actuación está muy ligada a la improvisación. Mi primer maestro me hacía notar que cuando yo me iba a mi casa frustrado, y podía ordenar los fracasos de la improvisación, al volver con la escena escrita la rompía, me sentía seguro, podía involucrarme intelectualmente, emocionalmente. Me sugirió que estudiara dramaturgia. Yo soy dramaturgo y no necesariamente soy escritor. No escribo nada que no sea teatro, no me veo escribiendo prosa, poesía”. Sobre este tema luego agrega: “Terminé en la escritura porque quería ser actor. Mis primeras obras escritas tuvieron cierto éxito y me conocieron ´mas como dramaturgo que como actor, no siento ninguna cuenta pendiente con esa falencia. Creo que fue un lindo camino hacia la escritura del que no hay vuelta atras”. 

Su vínculo con el teatro podría decirse que está relacionado también por sus primeras lecturas. “Habíamos heredado una biblioteca de un tío anarquista, había libros del teatro del absurdo. Primero leí cosas del Absurdo, luego conocí a los griegos, a Shakespeare. Para mi escribir teatro era escribir como lo hacía Ionesco. Pensaba que el teatro era absurdo, no sabía que había un teatro que era absurdo y otro que no lo era”. Sobre su manera de escribir nos cuenta cómo encara ese proceso: “Me siento feliz escribiendo en zonas de cierto confort, alimentando mi confianza en mi mismo más que mi desconfianza. Las experiencias traumáticas estarán con vos siempre, te van a acompañar siempre, es imposible escribir de algo que uno no comprenda a nivel doloroso o personal, lo que no creo que haya que hacer es regodearse con eso, no es garantía de que sea más arte”.

Uno de sus libros más importantes es Heptalogía de Hieronymus Bosch (El Bosco), en donde logra analizar la problemática del orden en la obra del Bosco y en nuestra actualidad. “Lo primero que te llama la atención de la obra ‘La mesa de los pecados capitales‘ es que la pintura está en una mesa, hay que rodearla para verla en el orden correcto. El espectador tiene que tener una actitud muy activa porque está desordenada. En pleno descubrimiento de América él pinta, en medio de una crisis, expone una pintura muy moral, con un mensaje con un simbolismo con un diccionario perdido. Él sabe qué significan esos símbolos pero nosotros no lo podemos leer. Uno ve el cuadro de El Bosco y no sabes por dónde empezar. Inspirado en esta agonía de un orden, me empecé a preguntar si no es que nosotros no nos sentimos cercanos a El Bosco porque también vivimos la agonía de un orden, el de la modernidad, el de los valores con los cuales crecimos“. 

Al finalizar nos contó sobre su dificultad para retener rostros de personas conocidas: “Tengo una enorme dificultad para retener los rasgos de la cara de la gente. No puedo retener las caras de la gente si modifica algo de su aspecto. Si alguien se tiñe o se deja la barba yo tengo que aprender el rostro de nuevo. A veces veo fotos mías y pregunto quién es. Es una especie de daltonismo. Mario Pergolini y Darío Lopérfido tienen para mí la misma cara. Simplifico rasgos, retengo patrones generales y me cuesta retener la singularidad”.

Escuchá la entrevista completa en nuestro canal de Ivoox o recorte de RadioCut

Foto prensa Mariano Cáceres

Luis Pelaez
Periodista, estudiante de sociología, CM y diseñador web. Fanático de Green Lantern, prefiero Dc sobre Marvel. Hincha de Vélez, casi juego con Del Potro @fortinducto
https://elpastoesparalasvacas.wordpress.com/